Consejos para traducir bien del inglés (o desde cualquier otra lengua)

Hoy quiero compartir con vosotros unas pautas que conviene recordar para llegar a entregar una traducción de calidad.

  • Tener en cuenta el contexto: sin contexto, un traductor no es nada. De la misma manera que cuando nos preguntan por la traducción de una palabra sin contexto no podemos responder, también debemos tener en mente el contexto de lo que estamos traduciendo. ¿Qué hacemos si no lo tenemos (como los casos de palabras sueltas en un Excel)? Siempre se puede preguntar al cliente. Eso no nos restará credibilidad como traductores, al contrario: debemos explicarle que el contexto es fundamental para que el resultado final sea óptimo. De hecho, blarlo tiene en su plataforma un espacio para que el traductor pueda consultar cuantas veces sea necesario sus dudas al cliente, y que esta pueda orientar al traductor con sus indicaciones.
  • Documentarse bien (siglas, nomenclaturas y un largo etcétera): la documentación es clave para una buena traducción. Sin embargo, el uso de siglas y nomenclaturas pueden traernos un largo quebradero de cabeza, por lo que es muy importante documentarnos para saber si son siglas que se traducen y cómo se traducen. Aconsejamos la lectura de este breve artículo de la Fundéu sobre la traducción de siglas.
  • Respetar la terminología: es esencial para que el texto sea homogéneo. Si se trata de la traducción de una página web o de un documento relacionado con otros que hayan sido publicados anteriormente, es recomendable que le pidamos dichos documentos al cliente con el fin de garantizar esta homogeneidad. Por otro lado, también podemos investigar la documentación en línea del cliente, que, en nuestra experiencia, casi siempre da resultado. 😉
  • Evitar las faltas gramaticales, ortográficas y ortotipográficas: es un punto que resulta tan obvio que lo hemos de incluir en esta lista. Por desgracia, existen profesionales que se venden como tal y que cometen unas faltas garrafales. Para evitarlas, recomendamos encarecidamente el uso del corrector ortográfico y una revisión después de traducir. Todos somos humanos y podemos cometer errores, por lo que la revisión es más que necesaria.
  • Hacer un uso correcto del gerundio.
  • No abusar de la voz pasiva, tan propia del inglés.
  • Recordar el uso de los puntos de exclamación/interrogación. Tampoco está de más utilizar nuestro querido punto y coma de vez en cuando. 😉
  • Revisar el uso excesivo de mayúsculas: por influencia del inglés, existe una tendencia cada vez mayor a utilizar mayúsculas innecesarias, particularmente en los títulos. En este apartado, aconsejamos la lectura de estos artículos publicados en el Centro Virtual Cervantes.
  • Respetar los nombres propios: los nombres propios de persona NO se traducen a excepción de los miembros de las familias reales, de los papas, de los santos y de determinados artistas. En cuanto a los topónimos, recomendamos la lectura del este artículo.
  • Tener presente los falsos amigos: se trata de un error particularmente frecuente en traductores con poca experiencia. Si hay alguna palabra o expresión que no te cuadrara en tu traducción, lo mejor es que vuelvas a consultar diferentes diccionarios y fuentes para cerciorarte de su significado. Es más que probable que se te haya pasado algún detalle aparentemente insignificante.
  • Adecuarse al estilo del cliente: está claro que cada uno de nosotros tiene un estilo y puede no gustar a todo el mundo. Por ello, es conveniente preguntarle al cliente por el tipo de estilo que prefiere. Si la comunicación con él es inexistente (situación que puede ocurrir), aconsejamos mantener el estilo del texto original y comprobar el estilo de traducciones anteriores publicadas en la red.
  • Evitar el uso de traductores automáticos: es un punto de manual más que evidente pero que creemos necesario subrayar debido a las barbaridades que leemos casi a diario. Y para muestra, un botón.
  • Evitar la literalidad: varios estudios han demostrado que los traductores noveles tienden a ser más literales que aquellos que son más experimentados, y suelen ser estos últimos quienes suelen brillar más en sus traducciones, probablemente debido a sus años de experiencia. No queremos decir con esto que ser literal siempre corresponda a una mala traducción sino que debemos de cuidar nuestra redacción y no caer en extranjerismos.
  • Dejar reposar la traducción y revisarla: muchos de los encargos que recibimos son para ayer y lo sabemos de sobra. Sin embargo, si hoy es de esos días en los que has sido ágil y has terminado antes de tiempo, levántate, hazte un café, estira las piernas, cambia de actividad el tiempo que puedas y revisa tu traducción. Es más que probable que hagas ciertas modificaciones para mejorar el texto puesto que puedes ver el texto desde otra perspectiva. Podríamos afirmar que este paso puede ser la clave para entregar un trabajo de calidad.

Por otro lado, también incluyo algunas aportaciones que han llegado desde Facebook y que me parecen muy acertadas. 🙂

  • Tener una imaginación desbordante cuando el original está mal redactado (prácticamente) lo que ocurre a menudo (Gaëlle Van Binst).
  • Tener en cuenta el propósito del documento y los factores culturales (Denise Tarud).
  • Saber emplear la explicitación cuando sea necesaria y tener en cuenta la audiencia meta (Francisco Govín Toalá).
  • Tener consultores de los temas que traducimos (Liliana Carlos Torres Bourguet). ¡Ojalá fuera siempre posible!
  • Tener siempre en cuenta los destinatarios y la función del TT (Steffi Wimmer).
  • El uso correcto de la fraseología, a la que se presta poca o nula atención. Cada gremio profesional tiene no solo una terminología específica, sino una forma peculiar de expresarse. Si esta no se respeta, la traducción puede ser correcta pero no se siente natural (Gustavo A. Silva).

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Podéis consultar el artículo original que escribí aquí: Consejos para traducir bien del inglés (o desde cualquier otra lengua)

El salto al mundo laboral de la traducción y de la interpretación

Muchos estudiantes y recién graduados se quejan del exceso de teoría que se imparte en la carrera y de la poca orientación e (in)formación práctica que se les brinda a los alumnos para poderles permitir lanzarse al mundo laboral (al menos como autónomos). De hecho, muchos de ellos confiesan que se ven obligados a acudir a cursos externos —especialmente tras haber finalizado la carrera o incluso su máster— para poder recibir una formación más práctica y adecuada a lo que buscan y necesitan.

Puesto que se trata de una queja que no ha dejado de llegarme desde que yo misma era estudiante, decidí publicar hace unos meses una encuesta para tener unos datos reales de la opinión de los estudiantes en Traducción y de los traductores que ya tienen su título bajo el brazo. Antes de nada, me gustaría agradecer a los 943 participantes que se animaron a participar en ella puesto que no habría podido sacar estos resultados sin ellos. 🙂

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Si bien es cierto que el resultado estaba bastante claro, no deja de sorprenderme el elevado porcentaje tan alarmante de personas que consideran que su formación no está lo suficientemente enfocada al mundo laboral, ya que se supone que un estudiante se está formando precisamente para ello. Esto, a mi modo de ver, significa que pese al intento de las universidades por renovarse con asiduas charlas de profesionales externos a la Universidad (que no estaban tan presentes hace unos años, por lo que ya supone una mejora), la encuesta confirma que siguen siendo insuficientes. Quizás los estudiantes necesiten que haya un mayor número de profesionales —con habilidades formativas, claro está— que formen parte del equipo docente en plantilla para así poder aprender de sus trucos y experiencias. Además, quizás necesiten algo más de orientación. Como dice este artículo: It is only natural to have some resistance to novelty. Novelty requires you to change the approach, behavior, or way of thinking. It requires new learning and may increase the possibility of failure.

Cuando les preguntaba a mis alumnos de cuarto curso el año pasado cuáles eran sus expectativas para el año siguiente, sus respuestas eran:

  • Me he pedido la beca de auxiliar de conversación, a ver si gano tiempo para saber lo que quiero hacer. Quién sabe, a lo mejor encuentro un puesto de trabajo por allí.

  • Voy a cursar un máster porque es imposible encontrar trabajo de lo nuestro hoy en día.

  • Seguiré de profesor particular de idiomas mientras encuentro algo.

  • Voy a prepararme las oposiciones para profesor de lengua extranjera porque es una opción segura y no creo que la traducción me vaya a dar trabajo.

  • La verdad es que me aterra pensarlo porque estoy completamente perdido. Yo quería ser traductor (o intérprete) en las instituciones europeas o en la ONU pero lo veo inasequible, así que no sé qué hacer.

  • He echado varias becas, algo saldrá de ahí.

Todas las opciones denotan cierta falta de orientación y de optimismo. Y no se trata solo de respuestas de estudiantes sino también de traductores recién licenciados que están completamente perdidos. Muchos se preguntan si es algo normal. ¡Pues claro que es normal! Es una nueva etapa y la obligación deja de ser la de estudiar para convertirse en ganarse el pan de cada día. Salir de la zona de confort nunca fue fácil ni sencillo. Sin embargo, aunque es cierto que cada uno es quien se labra su camino, puede que los estudiantes consideren que podrían tener sus posibilidades algo más claras si los profesores aportáramos más consejos enfocados al mercado laboral (no olvidemos que un profesor, además de enseñar contenidos académicos, también es una guía para el estudiante).

Ese es un punto de vista.

Ya le hemos echado la culpa a la Universidad y a los profesores, estupendo. Ahora bien, como en todo, no siempre hay un «culpable», si es que le tuviéramos que ponerle nombre. También hay que fijarse en el otro lado. ¿Los estudiantes ponen interés en buscarse la vida? Puede. ¿Practican en su tiempo libre? Quizás. ¿Intentan aprender por su cuenta? ¿Tienen predisposición para aprender? ¿Intentan moverse en el ámbito laboral para tantear el terreno ya desde la carrera? Es posible. Como decía antes, salir de la zona de confort no es fácil, pero sería conveniente prepararse para que, llegado el momento, fuera menos complicado de lo esperado. La preparación también es larga y supone muchos esfuerzos y sacrificios (sobre todo de tiempo) pero al final siempre llega la recompensa y acaba valiendo la pena.

Ojalá los datos de la encuesta cambien con los años. Por ahora, tanto profesores como estudiantes tenemos un largo camino por recorrer.

«¿Cómo llegar a ser un buen traductor?» Recopilación de guías y consejos

Sois muchos los que me preguntáis cómo emprender el viaje del traductor autónomo. Si bien es cierto que podemos daros algunos consejos a partir de nuestra experiencia, hay mucho material publicado en Internet que podéis aprovechar. Buceando por la red en busca de consejos para traductores noveles, encontré varios artículos que decidí recopilar para que pudieran ayudar a todos aquellos que deseéis adentraros en el «oscuro» mundo de la traducción.

Antes de nada, me gustaría compartir con vosotros un pequeño resumen de la figura del traductor/mediador desde sus comienzos hasta hoy en día. No incluye ningún consejo como tal pero creo que es importante que conozcamos los orígenes de nuestra profesión.

  1. GUÍAS Y CONSEJOS GENERALES

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El recurso estrella de esta entrada es la completísima guía para convertirse en traductor que encontré por casualidad y gracias a la cual me animé a escribir esta recopilación. Creo que desarrolla todos los puntos que la mayor parte de entradas siguientes tocan superficialmente. Desde luego, es un manual (que, por cierto, está en inglés) que se debería facilitar durante la carrera. La buena noticia es que os lo podéis descargar gratis en este enlace. 🙂

También tenéis a vuestra disposición otras pautas para traductores autónomos que comienzan sus andaduras en el mundo de la traducción y consejos que algunos autores han decidido recopilar en varios artículos:

– La senda del traductor novel, distribuida en varias entradas, por Isabel G. Cutillas: ¿Realmente quieres ser traductor?, Pros y contras de ser autónomo y Cómo iniciar tu andadura profesional

– Os recomiendo asimismo esta serie de artículos de Xosé Castro publicada en la revista El Trujamán: Trabajar bien (1 de 3), Trabajar bien (2 de 3) y Trabajar bien (3 de 3).

– También me topé con una guía escrita en dos entradas (Cómo elegir al profesional y Materiales a entregar y precio) que podría ayudarnos porque, aunque hay información que se repite en otras entradas, la trata desde el punto de vista del cliente que nos encarga la traducción.

– Aunque no tenga varias entregas, Virgina Cano nos propone más pautas para traductores noveles en «La profesión del traductor: los primeros pasos» (El Trujamán).

– Por su parte, la Fundéu (fuente sumamente recomendable para consultas y que, además, responde a nuestras dudas de una manera muy eficiente en su cuenta de Twitter) nos brinda otros consejos para poder abordar una traducción.

– Añado además esta entrada de Alessandra Vita que nos explica cómo no conseguiremos clientes con varios ejemplos muy ilustrativos y acertados.

Termino este apartado con la guía de calidad en la traducción que nos regala la Asociación Aragonesa de Traductores e Intérpretes para orientar a los traductores en su ejercicio. No olvidemos nunca que la calidad debe(ría) ser nuestra prioridad siempre.

  1. CONSEJOS ESPECÍFICOS

Por otro lado, me gustaría mencionar algunos artículos y vídeos que abordan temas que pueden no parecer importantes a primera vista pero que, a la larga, pueden llegar a ayudarnos mucho en nuestra carrera profesional (especialmente en el caso de los principiantes, diría yo).

Empezamos con la promoción y el marketing. Os recomiendo fervientemente esta serie de charlas que se impartieron en TraduEmprende y que tocaron temas como la estrategia de promoción, las finanzas y el aspecto psicológico (entre otros), además de incluir testimonios de compañeros traductores que nos cuentan su propia experiencia al empezar en el sector. En la misma línea, me gustaría mencionar también este artículo de Scheherezade Surià que se centra más bien en la promoción profesional del traductor en las redes y este otro de Pablo Muñoz que aporta diez consejos de marketing en línea.

Cambiando un poco de tercio, este breve artículo nos brinda la fórmula para ser el mejor traductor profesional: pasión + trabajo + perseverancia + APRENDIZAJE. Es una fórmula que comparto especialmente puesto que el aprendizaje es una constante en nuestro trabajo. A ello, añadiría quizás la capacidad de resiliencia. Todos podemos fallar en algún momento y es importante lograr sobreponerse a estos momentos que, al fin y al cabo, nos hacen más fuertes y mejores (cuando te pasa una vez, ya no te pasa una segunda J). En este punto, también cabe resaltar la importancia del pensamiento crítico del traductor, como en cualquier profesión, diría yo.cualidades

También encontré este artículo que contiene trece consejos para conseguir ser un buen traductor. Personalmente, no comparto el hecho de tener que evaluar la ubicación y la situación de nuestro domicilio puesto que la ventaja de ser traductor (que no intérprete porque hay que desplazarse en la mayoría de los casos) es poder trabajar desde casa sin problema. Aún no he tenido que reunirme con clientes en casa (la mayoría son extranjeros) por lo que el espacio no es un problema. Ahora bien, conviene tener un despacho lo suficientemente amplio que nos permita trabajar en unas condiciones decentes. Si queréis saber más sobre el tema, podéis echar un vistazo a las entradas de Isabel G. Cutillas y de Merche G. Lledó.

Como habréis comprobado, muchos artículos aconsejan que nos especialicemos en unos ámbitos de la traducción en concreto. Sin embargo, además de traducir, Pablo Muñoz nos invita en este artículo a diversificar nuestra fuente de ingresos (algo que también os aconsejo y que me ha venido bien).

Tampoco nos podemos olvidar de la cuestión de las tarifas. Os recomiendo esta completístima entrada de Irene Fernández en la que la autora recopila una serie de artículos pueden ayudar a arrojar algo de luz sobre este tema tan controvertido.

Termino este punto con la entrada de Ismael Pardo. En ella, nos relata cómo ha vivido su primer año año como autónomo y qué ha sacado en claro de esta experiencia. La añado porque me habría servido mucho que, en su momento, alguien me hubiese dado una lista de consejos (a partir de errores cometidos por compañeros nuestros) antes de lanzarme a la aventura del mundo de los autónomos. Hablando de errores, puede que esta entrada de Rubén Conde también pueda ayudaros puesto que elabora una lista de errores que suelen cometer los traductores noveles (además, nos regala un ensayo sobre ortotipografía comparada entre el francés y el español).

  1. CUALIDADES Y HABILIDADES DEL BUEN TRADUCTOR

¿Qué cualidades o habilidades necesitamos para ser buenos traductores? Varios autores se han animado a escribir sobre el tema.

En el diario El País, Consuelo Berges afirma que, ante todo, un traductor debe ser un buen escritor, afirmación con la que estoy completamente de acuerdo. ¿Cómo se consigue eso? Quizás el artículo «Cómo ser un buen escritor» del ABC os pueda ayudar un poco.

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Hay otras entradas que recogen algunas de las cualidades básicas de los traductores:

Empiezo con este artículo que está dirigido a un público más general y menos especializado, pero que no está mal para estudiantes de Bachillerato que todavía no saben qué rumbo tomar.

«Las cualidades básicas del buen traductor», de Isabel G. Cutillas recoge, tal y como su título indica, las habilidades que debería tener todo traductor sin extenderse demasiado pero dando en el clavo con los puntos que toca.

Hay otro artículo que recopila otras más y he de decir que me ha gustado especialmente que ha mencionado la importancia de dominar los registros de las lenguas con las que trabajamos (un consejo especialmente útil para aquellos que quieren dedicarse a la traducción audiovisual y a la literaria).

Por otro lado, me gustaría mencionar este artículo que no se olvida de cualidades como la humildad, la puntualidad y la capacidad de adaptación del traductor (entre otras) y con las que, desde mi punto de vista, se debería hacer más hincapié desde la universidad.

Aprovecho también para recordar esta entrada (autobombo) que escribí en 2012 sobre las aptitudes fundamentales que tiene que tener todo intérprete. Aunque la traducción no es lo mismo que la interpretación, ambas disciplinas comparten rasgos que considero que habría que tener en cuenta.

Si os interesan artículos sobre especialidades concretas, podéis pinchar en este de Roberto Mayoral que versa sobre el la actividad traductor jurado (os recomiendo el Blog del traductor jurado si os queréis especializar en temas jurídicos y sois traductores jurados) o en este, en el que Ana Muñoz nos habla del perfil del traductor médico.

Para terminar esta recopilación con un toque de humor, os recomiendo la divertida entrada de Devadip Rivero sobre cómo detectar a un traductor. ¡Sus 25 razones no tienen desperdicio! 🙂