10 consejos para traducir tus contenidos

Si tienes un negocio y pretendes internacionalizarlo, está claro que tendrás que traducir todos sus contenidos: desde la página web hasta los anuncios y la documentación más técnica de los manuales de instrucciones.

Sin embargo, la gran mayoría de las empresas no piensan en la redacción de un contenido como un texto traducible. Esto es: tu jefe te pide que redactes un comunicado de prensa para mañana a primera hora. Lo haces y punto. Luego resulta que hay que traducir ese comunicado porque se va a emitir tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido. Se lo envías a tu proveedor de traducciones y este te responde con un correo de dos páginas con dudas a las que tienes que responder para que la traducción esté perfecta, como es el caso del estilo que quieres en la lengua meta o el público meta al que deseas llegar.

Por ello, he elaborado una pequeña guía para facilitarte la vida tanto a ti —como redactor y cliente— como al traductor. Todos saldréis ganando porque las pautas estarán claras desde el principio y no perderéis tanto tiempo en detalles.

FASE DE REDACCIÓN

1. Piensa en tu público meta y especifícalo al cliente. ¿Tu texto va dirigido a un público adolescente o a ingenieros técnicos? No será lo mismo la redacción ni la traducción de un anuncio de una revista para adolescentes que un comunicado para toda la red de ingenieros que trabajan en un gran proyecto de construcción. Para el primero, tendremos que utilizar vocablos específicos de la jerga adolescente y hacer uso de estrategias de marketing, puesto que lo que se pretende es vender. En el segundo primará sobre todo la jerga técnica propia del proyecto en cuestión.

2. Redacta de manera clara y sencilla. Redacta frases cortas y claras. Evita repeticiones y ambigüedades. Sé concreto y no caigas en conceptos demasiado abstractos y difíciles de entender en tu propio idioma. Evita el uso de acrónimos o abreviaturas o aclárale su significado al traductor para facilitarle la vida, que puede llegar a gastar una hora de su tiempo documentándose (sí, es su trabajo, pero también tendrás la traducción antes si le facilitas la vida, ¿no?).

3. Cuidado con las connotaciones culturales y el humor. Las primeras son prácticamente imposibles de traducir puesto que hacen referencia a los conocimientos culturales compartidos que tiene el lector con el autor. Si el lector es extranjero, no tiene conocimientos culturales de la cultura de origen y lee la traducción del artículo sin ninguna nota al pie ni explicación entre paréntesis, es complicado que comprenda el sentido de lo que se pretende. Por el mismo motivo, el humor es particularmente difícil de traducir, sobre todo los chistes (a menos que tengan alguna equivalencia en la lengua meta).

4. Sé coherente con la terminología. Este ya no solo es un consejo para la traducción del documento, sino para que le facilites la lectura a tu cliente. Si utilizas siempre el mismo término, tu cliente sabrá en todo momento de qué estás hablando. Si vas variando, puede que esté confundido porque se piense que hablas de otro concepto. Lo mismo sucede para el traductor, que, en casos de proyectos técnicos, suele elaborar glosarios para mantener la misma coherencia.

5. Tal y como comentamos en esta entrada sobre la traducción de tuits, hay que tener en cuenta el espacio con el que contamos para la traducción y el porcentaje adicional que ocupan ciertas lenguas. Como vimos, no es lo mismo traducir del español al inglés que del inglés al alemán.

6. Revisa lo que has redactado. Es una etapa fundamental pero que no siempre se lleva a cabo por falta de tiempo. Es posible que tu mente vaya más rápido que tus dedos y que no te des cuenta de las erratas o incoherencias que has dejado atrás. Ni decir tiene que estos fallos son una barrera para el traductor. Por ello, revisar todos los textos que redactas es más que necesario. Tanto para tu lector como para el traductor.

FASE DE TRADUCCIÓN

7. Proporciona una información básica al traductor: público meta, objetivo del artículo, términos o incluso guías de estilo (si las hubiera). Aunque el traductor siempre se documenta por su cuenta en Internet, toda la información que le puedas proporcionar es poca. Cuanto más le des, más probabilidades habrá de que la traducción esté tal y como quieres.

8. Responde a las preguntas del traductor. Aunque le hayas proporcionado toda la información posible, puede que tenga alguna duda de cualquier tipo. Nuestro consejo es que le respondas cuando puedas y no lo dejes pasar. Solo tardarás dos minutos en responder y, de esta manera, también te aseguras de que el mínimo detalle de la traducción esté impecable.

9. Confía en tu proveedor. Si eres de los que se fía más del traductor automático que del traductor… vamos mal. El ser humano siempre puede equivocarse, pero no pongas en entredicho la traducción de tu proveedor porque el traductor de Google te proponga otra solución. Es más, lo más probable es que su solución sea diferente que la de tu traductor. Y peor. Siempre y cuando hagas comentarios constructivos, tu proveedor te explicará cuáles son los criterios que ha seguido.

10. Dedica un minuto a responder al traductor. El feedback siempre se agradece, ya sea positivo o negativo, puesto que ayudará al proveedor a ajustarse todavía más a tus necesidades.

Y hasta aquí la entrada de hoy, ¡hasta la próxima! 🙂

Podéis consultar la entrada original que escribí aquí: 10 consejos para traducir tus contenidos

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