El futuro de la traducción desde la perspectiva del estudiante

Hoy entrevisto a unos futuros compañeros de profesión. Son estudiantes de cuarto año de Traducción e Interpretación de diferentes zonas de España que se han prestado a responder a unas preguntas que versan no solo sobre su recorrido sino sobre sus perspectivas de futuro. Además, nos cuenta cómo ven el futuro de la tecnología… y de la traducción automática.

A ver qué opinan (sois muchos los que nos habéis escrito, por lo que hemos decidido hacer una selección). Hablamos con Nerea Aroca —estudiante de la Universidad de Murcia—, Antonio Sirera —estudiante de la Universidad de Alicante—, Jesús Buendía —estudiante de la Universidad de Murcia— y Denis Torres —estudiante de la Universidad Autónoma de Barcelona—.

Empezamos por tu recorrido universitario. ¿Ha superado las expectativas que tenías cuando te decantaste por estudiar TeI?

NA: En parte sí y en parte no. Hay muchos profesores perfectamente cualificados y que han hecho posible que pueda tener un conocimiento profundo de las lenguas que he estudiado, de la traducción y de la interpretación. No obstante, ha habido otros tantos que han mostrado un desinterés absoluto por el alumnado y que han hecho de su asignatura un mero recorrido burocrático. En cuanto a las asignaturas, apenas nos hemos formado en el ámbito de la interpretación y hemos comenzado muy tarde, en el último año, a realizar traducciones en lengua C.

AS: Mentiría si dijese que mi recurrido universitario ha superado todas las expectativas cuando decidí estudiar TeI. En mi caso personal, he notado que el grado no está lo suficientemente modernizado y que este está demasiado basado en conceptos teóricos, por lo que no te prepara para enfrentarte al mundo real una vez te gradúas. Además, considero que, en ciertos casos, puede aprenderse mucho más en charlas de profesionales o el ENETI que en varios meses de clase.

Finalmente, me gustaría destacar que, en el caso de mi universidad, tan solo se nos permite utilizar diccionarios en papel en los exámenes, por lo que opino que no se evalúa a los alumnos de una forma fiel a la realidad que viven los traductores profesionales de hoy en día.

JB: Sinceramente, no, esperaba mucho más. Por un lado, si miro hacia atrás y reflexiono sobre lo que sabía antes y lo que sé ahora, pues creo que he aprendido mucho, pero sí que es cierto que cuando entré en TeI esperaba salir con un nivel de lengua muy alto. En la universidad casi hemos aprendido más por nuestro propio trabajo que por lo que nos han inculcado; las clases de lengua eran más unas pautas a seguir para aprenderla por nuestra cuenta. En mi caso, valoro mucho cuando un profesor te motiva a estudiar. Cuando es un experto en la materia, a mí, personalmente, me incita mucho a seguir sus pasos. Desafortunadamente, en la universidad te encuentras de todo, hay profesores a los que tengo mucho que agradecerles y otros a los que les reclamaría el esfuerzo que empleé.

DT: Desde muy joven siempre me han gustado los idiomas y tenía claro que quería estudiar este grado. Por circunstancias de la vida tardé bastante en hacerlo, pero cuando por fin empecé enseguida tuve claro que no me había equivocado. Ha superado con creces todas mis expectativas, puesto que no solo he aprendido muchísimo, sino que además he disfrutado haciéndolo. Mi recorrido universitario, pues, ha sido enriquecedor a la par que divertido.

¿La universidad te ha proporcionado algún tipo de orientación laboral?

NA: , pero siempre ha ofrecido un abanico más amplio al grupo de traducción de inglés como lengua B.

ASNo diría que la universidad me ha dado algún tipo de orientación laboral. Sin embargo, algunos de los profesores a las clases de los cuales he tenido el honor de asistir este último año sí que han mostrado una gran preocupación por informarnos sobre las múltiples salidas profesionales que puede tener un grado como el de TeI y sobre los diversos másteres que podemos cursar dependiendo de nuestros intereses.

Además, acudir a charlas de profesionales y a encuentros de estudiantes como el ENETIme han servido de gran ayuda para descubrir qué aspectos de la traducción y la interpretación me interesan en mayor medida.

JB: No puedo negar que sea cierto; sí que se organizan charlas sobre salidas profesionales, pero no creo que sea, en absoluto, suficiente. Como decía un amigo que también estudia TeI en la universidad de Las Palmas, el último año de carrera es una prueba contrarreloj. Ha sido el año en el que, sin duda alguna, más he trabajado y más estrés he sufrido; y esto influye en gran medida sobre el futuro profesional: con el escaso tiempo que tenemos es muy difícil estudiar la situación para decidirse. Es algo muy delicado, ya que es algo que condicionará nuestro futuro laboral. Y lo que es más, tenemos miedo: a mí, al menos, me da un miedo terrible equivocarme en la elección o que después de lo que hemos pasado, no encontrar trabajo.

DT: En mi universidad nos han ido hablando del mercado laboral, de las distintas opciones, etc. en diversas asignaturas. Además, ha habido varias conferencias relacionadas con el tema. La información ha sido suficiente. No obstante, considero que es algo que siempre asusta y, por mucha teoría que nos expliquen, hasta que uno no se lanza a por ello no sabe lo que va a resultar.

¿Te sientes capacitado para acceder al mercado laboral?

NA: En el mundo de la traducción no me siento capacitada; en el de la docencia, sí.

AS: A día de hoy no me atrevería a decir que estoy preparado al 100 % para acceder al mercado laboral, pero ¿alguna vez se puede estar completamente preparado? Obviamente, para realizar un trabajo de calidad y del que poder estar orgulloso, necesito continuar formándome y especializarme en un ámbito específico.

No obstante, pienso que esta forma de pensar no debería de hacernos dudar a los recién graduados a la hora de aceptar un encargo o comenzar a trabajar en algo relacionado con la traducción, puesto que la mejor forma de aprender a traducir es traduciendo y poniendo en práctica todos los conocimientos que hemos aprendido a lo largo del grado.

JB: Hablando con una amiga, a la que considero una muy buena traductora, salió este tema y ambos admitíamos no vernos capacitados para dedicarnos a esta disciplina. En cada trabajo que hemos hecho en clase han surgido dudas; hemos visto casos en los que no sabíamos qué hacer: ello nos hace pensar que no lo estamos. Ahora bien, recuerdo haber hecho una propuesta sobre un texto que después supimos que había sido sacado de Bridget Jones’s Diary. Cuando vimos la traducción del libro en español… nos dimos cuenta de que no somos tan malos traductores.

DT: Me gustaría hacer un máster en traducción audiovisual, pero es posible que deje pasar un año. De momento quiero empezar a buscar trabajo de traductor para ir ganando experiencia y también para poder costeármelo.

¿Cómo te ves dentro de tres años (desde el punto de vista laboral)?

NA: Trabajando en un instituto o en algún trabajo de cara al público.

AS: Miro el futuro con grandes esperanzas y, la verdad, dentro de tres años me veo cumpliendo sueños e iniciándome en el mundo de la traducción profesional, ya sea en España o en el extranjero. Todavía no tengo claro a qué me gustaría dedicarme, pero espero poder descubrirlo en los años venideros.

Además, pienso que para que las cosas salgan como esperamos, tan solo es necesario esforzarse lo suficiente y trabajar mucho, por lo que no hay nada imposible y no debemos desanimarnos.

JB: Tampoco he confesado esto a nadie aún, pero me gustaría escribir; aunque para ello necesito leer todavía mucho y, desafortunadamente, nunca he sido un gran amante de la lectura, más que nada, porque es algo que no me han inculcado desde pequeño. Por otro lado, ya he dicho que me gustaría hacer un máster en TAV, no tengo la más remota idea de a lo que esto me llevará. Me da un miedo aterrador.

Lo único que tengo claro es que no me gustaría dejar de estudiar nunca.

DT: Considero que con tesón y ganas se pueden conseguir las cosas, así que dentro de tres años me veo trabajando como traductor audiovisual autónomo, compaginándolo con otros tipos de traducción. Para entonces espero y deseo tener una buena cartera de clientes y estabilidad económica.

¿Cómo crees que influirá la tecnología en tu sector profesional?

NA: Si somos sensatos, muy positivamente. Es cuestión de saber qué y cómo emplear las herramientas que nos ofrecen. En cuanto a la traducción automática, quien desee una traducción de calidad no hará uso de ella. En el caso de que estas se mejorasen, creo que el número de encargos a traductores humanos disminuiría en algunos ámbitos donde no se hace uso de la pragmática, como en textos técnicos, pero deberían, aun así, ser revisados por un humano. Por otro lado, las herramientas TAO son y serán de gran utilidad para el traductor y en un futuro, viendo el avance de las nuevas tecnologías, su eficacia se multiplicará. Así, estas en un futuro podrán cambiar o afectar al traductor profesional pero nunca acabarán con él.

AS: Personalmente, pienso que la traducción automática no afectará tan negativamente como opinan algunos en la traducción, puesto que los clientes que requieren de una traducción no pueden conformarse con una traducción de una calidad tan pobre como las que ofrecen los traductores automáticos. En otras palabras, pienso que los traductores automáticos y los traductores profesionales tienen un abanico de clientes muy distintos y con necesidades diferentes, por lo que unos no pueden reemplazar a los otros.

En el caso de los motores de traducción automática, estos no dejan de ser simples bases de datos, por lo que no pueden aprender a aplicar soluciones teniendo en cuenta el contexto, los dobles sentidos, los juegos de palabras o la ironía, por poner algunos ejemplos. Todos estos elementos escapan al control de los traductores automáticos, por lo que, en estos casos, sus traducciones dejan muchísimo que desear.

Además, creo que la mejora de la traducción automática nos servirá como herramienta para poder traducir determinados tipos de textos en menos tiempo y poder realizar más encargos en el mismo tiempo, lo que supondrá un aumento de las ganancias.

A pesar de todo, podría impactar a nuestra profesión de forma negativa si los clientes, en lugar de enviarnos textos originales para traducirlos, nos enviaran textos ya traducidos con un traductor automático para poseditarlos. Sin duda alguna, esto nos podría llevar más tiempo y quebraderos de cabeza que traducir un texto desde cero. Por este motivo, deberíamos aumentar nuestras tarifas en estos casos para que realizar este tipo de encargos valga la pena.

JB: Creo que la tecnología es la herramienta del traductor por excelencia, como el cuchillo del carnicero o la llave inglesa del mecánico; conforme esta avance, la labor del traductor se verá beneficiada.

DT: No veo que pueda afectarnos negativamente. Es cierto que la tecnología avanza a pasos agigantados y cada vez hay herramientas más precisas, pero considero que una máquina nunca va a poder reemplazar a una mente humana. A mi parecer, ninguna aplicación o herramienta va a poder nunca averiguar el contexto detrás de una determinada frase. Los traductores siempre vamos a ser necesarios. Probablemente habrá empresas que realicen sus traducciones haciendo uso de esa tecnología, pero tarde o temprano la herramienta cometerá un error y hará que dicha empresa se plantee si merece la pena arriesgarse. Por otro lado, creo que podemos beneficiarnos de esas herramientas, ya que pueden facilitarnos mucho la tarea a la hora de traducir determinados tipos de texto.

¡Gracias a los cuatro por vuestra participación y mucha suerte en esta nueva etapa! 🙂

Podéis consultar el artículo original que escribí aquí: El futuro de la traducción desde la perspectiva del estudiante

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¿De dónde vienen los gofres?

Si piensas en la palabra «gofre», probablemente te venga a la cabeza Bélgica, en donde se puede disfrutar de lo lindo de los deliciosos gofres de Bruselas o de Lieja. Como dentro de dos días se celebra el Día del Gofre y somos algo golosos, hemos dedicado todo un artículo a este maravilloso dulce.

¿Alguna vez habías imaginado a Platón saboreando un gofre? Por muy raro que pueda parecer, no es una idea tan descabellada. Ya en la antigua Grecia, los griegos preparaban obelios (ὀβελίας),, unos pasteles muy finos hechos con una masa que se cocinaban entre dos placas calientes de metalPodríamos decir que estos dulces son los antepasados de los gofres.

Más tarde, en la Edad Media, estos pasteles pasaron a enrollarse y a rellenarse como si fueran conos.

En el siglo XIII, un artesano diseñó unas nuevas placas con ondulaciones similares —llamadas gaufres en francés— a las de un panel de miel, que es lo que se parece a la forma del gofre de hoy en día.

Con el tiempo, esta receta ha ido variando según los diferentes países y culturas. Sin embargo, los gofres con más éxito son aquellos que provienen de los Estados Unidos. Los emigrantes que llegaron a EE. UU. trajeron con ellos la receta del wafel holandés(que derivó en waffle en inglés). En 1789, Thomas Jefferson volvió de Francia con la plancha de gofres que conocemos hoy en día. Sin embargo, el belga Maurice Vermersch fue quien puso de moda servirlos acompañados de otros ingredientes dulces (nata, sirope, chocolate, etc.) en 1960. Esta idea gozó de tanto éxito que llegó hasta la Gran Manzana y adoptó el apodo de «gofre belga» que conocemos a día de hoy.

Es innegable que la gastronomía es el reflejo de la evolución cultural de los pueblos, y los gofres tienen una gran historia intercultural que procede de Grecia y pasa por Holanda, Francia, Bélgica y Estados Unidos.

¡Feliz Día del Gofre! 🙂

Podéis consultar el artículo original que escribí aquí: ¿De dónde vienen los gofres?

La traducción del perfil de LinkedIn

LinkedIn se ha convertido en la mayor red social profesional de uso (casi) obligado a la hora de buscar trabajo o, simplemente, para estar al día de las novedades profesionales de nuestro sector o incluso de otros sectores que nos interesan. Está orientada a relaciones profesionales comerciales y profesionales, por lo que se encuentran sobre todo empresas y profesionales que tratan de hacer networking y de promocionarse.

Es una red que ofrece múltiples posibilidades puesto que permite:

  1. Crear una nueva red profesional de contactos que podrían ser clientes potenciales.
  2. Buscar personas que ya conoces. Incluso te sugiere personas que puedes conocer. De hecho, esta red social ha ayudado en muchos casos a recuperar el contacto que se habían perdido con el tiempo.
  3. Buscar perfiles profesionales concretos con fines comerciales o incluso para investigar información de empresas o de profesionales.
  4. Gestionar contactos de forma adecuada. Para ello, te aconsejamos que definas tus objetivos y que vayas construyendo tu red una vez que los tengas definidos.
  5. Unirte a grupo de profesionales, ya sean de tu sector o de otros sectores que interesen. De esta manera, podrás participar en los debates y demostrar tus conocimientos.
  6. Formular y responder a preguntas, lo cual te da cierta visibilidad.
  7. Seguir páginas de empresas u organizaciones que te interesan para estar al tanto de sus actualizaciones.
  8. Subir documentos en diferentes formatos (vídeos, PPT o Podcast) a modo de escaparate.
  9. Pedir recomendaciones —y recomendar— a compañeros, clientes o jefes con quien hayas trabajado.
  10. Recomendar las aptitudes de tus contactos y recibir dichas recomendaciones por parte de estos. Este punto es importante puesto que los usuarios buscan por las palabras clave, así que conviene mantenerlas actualizadas.
  11. Publicar en tu muro tus actualizaciones para que toda tu red esté al corriente de tu actividad.
  12. Mandar mensajes privados a tus contactos para proponerles algún tipo de colaboración.
  13. Añadir los idiomas que conoces así como su nivel.
  14. Ver quién ha consultado tu perfil y ponerte en contacto con él para ofrecer tus servicios.
  15. Encontrar ofertas de empleo y enviar candidaturas.
  16. Traducir tu perfil de LinkedIn en varios idiomas para poder llegar hasta el cliente potencial del último rincón del planeta.

En la era de la globalización, este último punto es crucial para que tu perfil dé la vuelta al mundo y que puedas llegar a más clientes o contratantes potenciales. Eso sí, es imprescindible que dicha traducción sea impoluta para poder transmitir la imagen de seriedad que todos nuestros clientes buscan como sinónimo de fiabilidad. ¿Cómo se consigue? Es muy fácil:

Como hemos indicado, es fundamental que la traducción esté perfecta, por lo que siempre es aconsejable que confíes en traductores profesionales para que se encarguen de ello. La inversión es mínima y te aseguras un escaparate profesional a nivel mundial impecable, puesto que tu perfil profesional gozará de una redacción intachable y que transmitirá una imagen seria y profesional. Esto, tarde o temprano —y acompañado de una actividad regular y adecuada de la red—, volverá bajo forma de nuevos contactos posiblemente interesados en tu perfil y tus servicios, esto es, en potenciales clientes o contratantes.

Así que… ¿a qué esperas para sacarle partido a tu escaparate profesional?

Podéis consultar la entrada original que escribí aquí: La traducción del perfil de LinkedIn