Cómo hablar bien en público

Como intérpretes, docentes o como simples oradores, debemos saber hablar bien en público. Debemos saber cómo comunicar aquello que deseamos transmitir a quien nos está escuchando. Sin embargo, esta tarea aparentemente sencilla no lo es tanto cuando nos enfrentamos a un público que desconocemos (o que incluso conocemos), y varios son los obstáculos que nos acechan: el miedo al fracaso, al ridículo, la inseguridad en nuestro trabajo o en nosotros mismos, el miedo a no gustarle a todo el mundo, el miedo a equivocarnos y un largo etcétera.

Para intentar reducir esta inseguridad —o al menos intentar que no se note tanto—, se aconseja trabajar varios aspectos de la oratoria:

1. La voz

La voz es nuestro instrumento de trabajo, el pilar de la expresión oral, nuestra materia prima y, por lo tanto, aquello que debemos cuidar como si de un hijo se tratase. Sin voz, no hay orador, no hay interpretación, no hay clase y no hay nada. Para aquellas personas que comienzan en el mundillo de la oratoria, recomiendo fervientemente que se graben. Durante las clases de interpretación, se recomienda a los alumnos que se graben durante la interpretación y que escuchen dicha grabación en casa. Incluso también hay quien recomienda grabarse durante una quedada entre amigos para ver cuáles son aquellas palabras o expresiones que tenemos viciadas y que deberíamos eliminar. Al principio es algo duro, puesto que estamos acostumbrados a escucharnos «desde dentro» y desconocemos realmente el sonido que emitimos al hablar. Al grabarnos, descubriremos cómo nos perciben los demás y nos ayudará a corregir aquello no nos gusta al hablar.

2. La respiración desde el diafragma

Para una correcta fonación, se recomienda una respiración desde el diafragma porque se puede dirigir y mejorar con la práctica y porque conlleva numerosas ventajas:

  • aporta una gran cantidad de oxígeno a los pulmones,
  • activa la respuesta de relajación del organismo,
  • ventila y limpia los pulmones,
  • y masajea los órganos, entre otros.

¿Cómo se consigue? He de decir que esta técnica no se adquiere de la noche a la mañana y que, como bien he dicho, se puede mejorar con la práctica. Los pasos que tienes que seguir son los siguientes:

  1. Posa las manos en el abdomen.
  2. Antes de empezar, expulsa todo el aire posible de los pulmones en reiteradas ocasiones con el fin de vaciar bien los pulmones de aire residual, lo cual provocará automáticamente la necesidad de inspirar más profundamente.
  3. Una vez provocado este impulso de respiración profunda, inicia la respiración como si quisieras empujar las manos que tienes colocadas en el abdomen.
  4. Retén unos instantes el aire en tus pulmones, brevemente, sin presión.
  5. Expulsa el aire relajando el vientre. Verás cómo las manos también van acercándose al cuerpo.
  6. Por último, quédate un instante con los pulmones vacíos y vuelve a repetir el proceso.

Para empezar, recomiendo que los pasos se lleven a cabo cuando estés tumbado. De hecho, cuando cantaba en el coro, hacíamos el ejercicio tumbados en una colchoneta con un libro sobre del abdomen y el objetivo era que el libro fuera subiendo y bajando.

3. La vocalización, la articulación y la velocidad

Sobra decir que son otros de los pilares del orador. Un orador no es aquel que habla rápido sin apenas vocalizar, sino quien se toma su tiempo para hablar, vocalizando todas y cada una de las sílabas y quien se asegura con la mirada de que su público lo va siguiendo en su discurso. Si no cuidamos estos aspecto, podemos encontrarnos en una situación como la de este pobre periodista:

 

4. La modulación de la voz y la entonación 

La modulación de la voz es un aspecto muy importante del orador que hace el público que lo escuche se aburra, empatice, se ría o llore con él. Este efecto lo consigue la entonación que adoptamos e incluso los cambios de volumen que evitan un discurso monótono y aburrido. De hecho, el 38 % de la información de un discurso se memoriza gracias a la entonación. Uno de los ejemplos más representativos de una oratoria brillante es Hitler. A pesar de las barbaridades que cometió, es innegable que era un orador extraordinario. En sus numerosos discursos, el tono de voz con el que empezaba sus discursos era bien distinto al del final; no solo despertaba a las masas en cuestión de segundos sino que las llevaba hasta el punto que él quería en cada momento.

 

5. El cuidado de la voz

Ya me expliqué este punto con más detenimiento en esta entrada, por lo que no me detendré en esta ocasión.

6. Saber hablar

Por mucho que nos empecinemos en pensar lo contrario, saber hablar no consiste únicamente en saber recitar de memorieta un discurso o en leerlo. He aquí algunas claves para poder comunicar con claridad:

  • Utiliza una gramática y un léxico sencillos. No sirve de nada que utilices un léxico muy especializado si la mayoría de tu auditorio no te va a entender o le va a costar entenderte. Eso sí: siempre siendo correcto.
  • natural en tu discurso. Comunica.
  • Utiliza frases cortas y concisas para que el receptor pueda captar desde principio a dónde quieres llegar.
  • congruente con las ideas que expones.
  • Repite las ideas principales, y si es al final del discurso, mejor. De hecho, muchos estudios han demostrado que el público se queda con la información que se emite al principio y al final de un discurso.
  • Crea imágenes, metáforas e ironías para poder acercarte más a tu público.
  • breve y no te vayas por las ramas. Ya sabes: lo bueno, si breve, dos veces bueno.

7. El lenguaje no verbal

Por muy interesante que sea lo que decimos, no debemos olvidarnos del lenguaje verbal, gracias al cual memorizamos un 55 % de la información. Por ello, no hay que olvidar los siguientes aspectos: miedoescenico

  • No pierdas nunca el contacto visual con tu público. La mirada es una de las claves con la cual el orador engancha a sus oyentes.
  • Si tienes la posibilidad, acércate a tu público, no te quedes detrás del pupitre o de tus notas. ¿Qué mejor forma de comunicarles tu mensaje que acercándote a ellos y hacerles sentir que forman parte del discurso?
  • La cara es el espejo del alma. Por ello, no te olvides nunca de sonreír. De hecho, ¿os habéis fijado que, por mucho que estén sufriendo, los bailarines siempre sonríen?
  • No olvides tampoco de cuidar los gestos involuntarios (tocarse el pelo, rascarse, hombros encorvados etc.) que denotan nerviosismo e inseguridad.
  • La vestimenta también es un aspecto muy importante que descuidamos en muchas ocasiones. Para los intérpretes, aconsejo este vídeo sobre las normas de etiqueta. Para los docentes, aunque bien es cierto que no existen normas de etiqueta, un atuendo más formal con colores sobrios (negro, gris y blanco) incrementa la distancia entre el profesor y el alumno frente a una vestimenta más informal.
  • Aunque parezca una obviedad, no quiero olvidar el aseo personal de cada uno, imprescindible de cara al público puesto que muestra una buena predisposición, además de cuidado y de una agradable impresión.

8. Los nervios

Ay, los nervios. Esos enemigos que nos juegan esas malas pasadas, y con malas pasadas me refiero a:

  • enrojecimiento (¿nunca habéis notado como el calor va subiendo conforme van pasando los segundos?),
  • ritmo cardiaco acelerado,
  • boca seca,
  • manos frías y sudorosas,
  • la bola en el estómago —o incluso en la garganta— que te paraliza y te impide seguir hablando,
  • bloqueos,
  • tartamudeos,
  • gestos involuntarios (pelo, manos en la cadera, varios cambios de posición, temblores, etc.)
  • y pensamientos negativos: «no lo voy a conseguir», «voy a hacer el ridículo» o «no soy capaz de ello», por mencionar algunos.

nervous-boy-speaking ¿Qué podemos hacer para combatirlos? 

  • Céntrate en un objeto a nivel visual con los ojos cerrados y descríbelo mentalmente con todo detalle.
  • También con los ojos cerrados, presta atención a todos tus sentidos.
  • Realiza cualquier actividad mental que absorba tu atención (como por ejemplo contar del 1 al 1000 de 8 en 8).
  • Haz deporte.
  • Piensa en recuerdos y fantasía agradables.
  • Piensa en una situación graciosa. Siempre me han aconsejado que me imagine a mi público desnudo, personalmente nunca me ha ayudado sino todo lo contrario, pero lo mismo a alguien le ha sido de ayuda.
  • Párate a pensar en tus ideas negativas que te impiden salir adelante y razona el por qué de tus miedos. Esto es lo que siempre he intentado pero pocas veces me ha dado resultado, me ha ayudado a quitarme un peso de encima —así que algo sí que funciona— pero poco más. No obstante, te dejo las instrucciones de lo que la psicóloga Miriam Ocio aconseja por si te animas.
Curso de hablar bien en público, por la psicóloga Miriam Ocio: http://www.vitoria-gasteiz.org/wb021/http/contenidosEstaticos/adjuntos/es/33/26/43326.pdf

Curso de hablar bien en público, por la psicóloga Miriam Ocio: http://www.vitoria-gasteiz.org/wb021/http/contenidosEstaticos/adjuntos/es/33/26/43326.pdf

Terminamos la entrada con un enlace en el cual encontrarás los diez mejores oradores del mundo y otro con los treinta y cinco mejores discursos de la Historia.

BIBLIOGRAFÍA: JIMÉNEZ IVARS, Amparo. (2012) Primeros pasos hacia la interpretación inglés-español, Castelló de la Plana: Publicacions de la Universitat Jaume I; Madrid, Edelsa. http://www.vitoria-gasteiz.org/wb021/http/contenidosEstaticos/adjuntos/es/33/26/43326.pdf http://www.monografias.com/trabajos100/oratoria-y-cualidades-orador/oratoria-y-cualidades-orador2.shtml

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4 comentarios en “Cómo hablar bien en público

  1. Irene Corchado dijo:

    Hola, Laeticia:
    Menuda entrada más completa y bien explicada. Enhorabuena. Quisiera añadir una cosita relacionada con el punto 6: saber hablar.
    Debemos evitar las muletillas a toda costa. Hace solo un par de días fui a una charla sobre multiculturalismo en Rusia y Asia Central de un conocido escritor uzbeko y antiguo periodista para la BBC. El hombre soltaba “sort of” cada cinco palabras. Después de un par de minutos no podía pensar en otra cosa que en sus “sort of” y no pude concentrarme y disfrutar de la charla. Una pena. “Sort of”, “like”, “you know”… ¡Fuera de los discursos!
    Un saludo.

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