La fácil y a la vez compleja tarea del bello arte de traducir

Traducir es relativamente fácil. Traducir bien es una tarea compleja. Imagino que, a estas alturas, os habréis dado cuenta de que el mero hecho de ser bilingüe no implica ser un magnífico traductor. Ayuda, eso sí, pero ambos casos no van necesariamente de la mano.

Muchos de los lectores de este blog me han preguntado qué es traducir y qué hace falta para llevar a cabo la tarea y el papel que desempeñó San Jerónimo unos cuantos siglos atrás. Podría extenderme muchísimo (tanto que hay incluso hasta tesis sobre este tema), pero me limitaré a retomar algunos de los puntos que nos brinda Ricardo Muñoz (2007) y que, desde mi punto de vista, pueden resultar clave para esta tarea.

1. Se debe llevar a cabo una sustitución léxica y un ajuste gramatical propio de la lengua meta. Hasta ahí, todo claro, puesto que es el proceso automático en el que tendemos a caer de primeras sin más.

2. Tenemos que tener en cuenta las condiciones sociales de la lengua del original y de la lengua meta, es decir, el contexto de ambas culturas. Como repetimos día tras día, tenemos que adaptar el texto a la cultura meta. Y, para ello, debemos conocer a fondo la de la lengua origen.

3. Además, debemos desarrollar una capacidad natural de traducir. Tanto, hasta poder convertirla esta capacidad en pericia profesional. ¿Qué significa esto último? Sencillamente, lo que he mencionado al principio de la entrada: todo el mundo es capaz de traducir. Pero traducir bien es otra historia. Que esa traducción sea aceptada entre la mayoría de destinatarios, es otra cosa bien distinta. Y eso, amigos, no lo consigue todo el mundo. Ni mucho menos.

4. Para lograr este objetivo (el de lograr la llamada pericia profesional), es necesario un aprendizaje específico. Estamos hablando de un aprendizaje que nos permita entregar al lector un texto que cumpla con la calidad que este espera de nosotros, y para ello, es necesario convertirnos en expertos de la lengua (tanto de origen como de destino), en su uso, en sus normas y en sus equivalencias convencionales. Pero cuidado, un traductor profesional, además de todo lo anterior, debe cumplir con los plazos que el cliente ha establecido, por lo que también deberá adquirir una cierta rapidez y destreza en sus quehaceres traductológicos (véase tareas de gestión de proyectos y de documentación y procesos de traducción, escritura y revisión) para poder ser lo más productivo posible.

20090123130736-traduccion-literaria

BIBLIOGRAFÍA:

MUÑOZ MARTÍN, Ricardo (2008) «Apuntes para una traductología cognitva», en PEGENAUTE, L.; DECESARIS, J.; TRICÁS, M. y BERNAL, E. [eds.] Actas del III Congreso Internacional de la Asociación Ibérica de Estudios de Traducción e Interpretación. La traducción del futuro: mediación lingüístca y cultural en el siglo XXI. Barcelona 22-24 de marzo de 2007. Barcelona: PPU. Vol. n.o 2, pp. 65-75. ISBN 978-84-477- 1027-0.

Anuncios