Diferencias entre la traducción y la interpretación

¿Cuántas veces habré visto imágenes semejantes a estas? Captura de pantalla 2014-12-22 a la(s) 18.37.27 Captura de pantalla 2014-12-22 a la(s) 18.59.45 Esta entrada no va dedicada a la profesionales del gremio de la traducción, sino a aquellos que, por error, hablan de «traductores simultáneos» en vez de «intérpretes simultáneos». No es la primera vez que un cliente agradece a la «traductora simultánea» la interpretación de la reunión y estoy segura de que muchos de mis compañeros podrán contar miles de anécdotas similares. Salgamos de dudas pues. ¿Cuáles son las diferencias entre la traducción y la interpretación? Lo que suelo decir cuando no tengo mucho tiempo es que, a grandes rasgos, la traducción es escrita y la interpretación es oral (sí, son los que aparecen en las ruedas de prensa o aquellos que escuchamos en la ONU cuando un mandatario extranjero habla en su idioma). Sin embargo, hay muchos detalles que el cliente debería saber y que no siempre sabe.

  1. Escritores y oradores: Los traductores deben ser escritores competentes. Además de saber escribir bien, han de ser capaces de revisar, editar y corregir, mientras que los intérpretes deben ser buenos oradores ante todo.
  2. Comprensión: Al contrario que los traductores, los intérpretes deben comprender lo que dice el orador al instante, independientemente del acento o de la velocidad de este último. Los traductores pueden disponer de algo más de tiempo y de recursos en el momento para poder salir de dudas.
  3. Preparación: Un intérprete debe prepararse la ponencia antes de tiempo (por ello siempre pedimos a los clientes que nos faciliten toda la información posible) porque no tiene tiempo de buscar en el momento un término que no sepa —y más si se trata de una consecutiva, en la simultánea siempre nos quedará nuestro querido compañero que puede buscar por nosotros dado el caso—. El traductor tiene la ventaja de poder consultar los términos sobre la marcha y con tiempo, gracias a la inestimable ayuda de diccionarios, glosarios y recursos varios.
  4. Producción: Los intérpretes deben tomar decisiones de forma instantánea y no se lo pueden pensar demasiado debido a la presión del momento. No pueden pasarse diez segundos pensando en cuál de entre los cinco sinónimos van a elegir. Lo importante es retransmitir el mensaje y que el auditorio entienda lo que quiere decir el orador. Los traductores disponen de esos diez segundos y más para poder elegir el mejor sinónimo para la oración dentro de un determinado contexto, por lo que —por lo general— serán mucho más precisos y concisos. Resumiendo, la interpretación exige una rapidez mental y léxica que no requiere la traducción.
  5. Memoria: El intérprete debe tener cierta memoria a corto (interpretación simultánea) o medio plazo (interpretación consecutiva o bilateral), mientras que no es necesario en el caso de los traductores.
  6. Nuevas tecnologías: Hoy por hoy, el traductor debe saber de informática puesto que el ordenador es su mejor aliado, mientras que el intérprete no tiene esa necesidad imperiosa (aunque son cada vez más numerosos aquellos intérpretes que trabajan con ordenadores, tabletas y móviles).
  7. Lugar de trabajo: El traductor suele trabajar en casa o en un espacio de coworking, mientras que el intérprete suele tener que desplazarse a donde se encuentra el cliente (excepto en el caso de la interpretación telefónica o por videoconferencia).

Espero que este artículo se difunda y llegue a aquellos que, sin querer, confunden ambos términos. ¡Ahora ya no tendrán excusa (ni siquiera la RAE)! 😉

Definición de la Real Academia Española. Gracias a José María Rosa por la aportación.

Definición de la Real Academia Española. Gracias a José María Rosa Bastida por la aportación.

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La fácil y a la vez compleja tarea del bello arte de traducir

Traducir es relativamente fácil. Traducir bien es una tarea compleja. Imagino que, a estas alturas, os habréis dado cuenta de que el mero hecho de ser bilingüe no implica ser un magnífico traductor. Ayuda, eso sí, pero ambos casos no van necesariamente de la mano.

Muchos de los lectores de este blog me han preguntado qué es traducir y qué hace falta para llevar a cabo la tarea y el papel que desempeñó San Jerónimo unos cuantos siglos atrás. Podría extenderme muchísimo (tanto que hay incluso hasta tesis sobre este tema), pero me limitaré a retomar algunos de los puntos que nos brinda Ricardo Muñoz (2007) y que, desde mi punto de vista, pueden resultar clave para esta tarea.

1. Se debe llevar a cabo una sustitución léxica y un ajuste gramatical propio de la lengua meta. Hasta ahí, todo claro, puesto que es el proceso automático en el que tendemos a caer de primeras sin más.

2. Tenemos que tener en cuenta las condiciones sociales de la lengua del original y de la lengua meta, es decir, el contexto de ambas culturas. Como repetimos día tras día, tenemos que adaptar el texto a la cultura meta. Y, para ello, debemos conocer a fondo la de la lengua origen.

3. Además, debemos desarrollar una capacidad natural de traducir. Tanto, hasta poder convertirla esta capacidad en pericia profesional. ¿Qué significa esto último? Sencillamente, lo que he mencionado al principio de la entrada: todo el mundo es capaz de traducir. Pero traducir bien es otra historia. Que esa traducción sea aceptada entre la mayoría de destinatarios, es otra cosa bien distinta. Y eso, amigos, no lo consigue todo el mundo. Ni mucho menos.

4. Para lograr este objetivo (el de lograr la llamada pericia profesional), es necesario un aprendizaje específico. Estamos hablando de un aprendizaje que nos permita entregar al lector un texto que cumpla con la calidad que este espera de nosotros, y para ello, es necesario convertirnos en expertos de la lengua (tanto de origen como de destino), en su uso, en sus normas y en sus equivalencias convencionales. Pero cuidado, un traductor profesional, además de todo lo anterior, debe cumplir con los plazos que el cliente ha establecido, por lo que también deberá adquirir una cierta rapidez y destreza en sus quehaceres traductológicos (véase tareas de gestión de proyectos y de documentación y procesos de traducción, escritura y revisión) para poder ser lo más productivo posible.

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BIBLIOGRAFÍA:

MUÑOZ MARTÍN, Ricardo (2008) «Apuntes para una traductología cognitva», en PEGENAUTE, L.; DECESARIS, J.; TRICÁS, M. y BERNAL, E. [eds.] Actas del III Congreso Internacional de la Asociación Ibérica de Estudios de Traducción e Interpretación. La traducción del futuro: mediación lingüístca y cultural en el siglo XXI. Barcelona 22-24 de marzo de 2007. Barcelona: PPU. Vol. n.o 2, pp. 65-75. ISBN 978-84-477- 1027-0.