Sí, sí… ¡para la ONU! (parte 1)

¡Hola a todos!

Hoy quería escribir sobre lo que desde hace unas semanas, muchos no dejáis de escribirme para preguntarme: cómo he conseguido ser TRADUCTORA VOLUNTARIA para las NACIONES UNIDAS (sí, ¡¡para la ONU!! :D).

Puede que más de uno se quede pensando “¿ya está?” al acabar la lectura, pero es que no tiene mucho misterio. Repito que estoy de VOLUNTARIA, y para ello, no tuve que realizar ningún examen oficial como bien nos describió @ProTECTproject (que fue la que principalmente me animó a escribir la entrada y a la que le deseo toda la suerte del mundo… ¡espero impaciente la buena noticia!) en la entrada de su blog.

Empecemos…

Una tarde de julio, encontré por casualidad (pero de casualidad, ¿eh? no de esas veces que una se pone a buscar como loca porque no encuentra nada) en esta página (que es una de las páginas oficiales de la ONU) un anuncio en el que indicaban que necesitaban traductores voluntarios… bueno, en realidad eran dos anuncios.

En uno de ellos, buscaban traductores con la combinación lingüística EN>ES y en el otro, traductores EN>FR. Gracias a que, tanto el español como el francés son mis lenguas maternas, decidí probar en las dos ofertas. Total no cuesta nada… bueno, sí, en vez de rellenar un formulario, tuve que rellenar dos (ya ves tú). Como no podía ser de otra forma, en el formulario me pidieron toooodos los datos que le pueden pedir a una… tanto profesionales (obviamente) como personales, y con personales me refiero a familiares. Ahí, ahí, que me tengan bien fichá.

Una vez enviados los formularios, tocó esperar. 

La primera respuesta llegó en seguida, y claro, no me lo iban a poner tan fácil. El primer correo me llegó de parte del equipo de traducción español, que me dijo, en resumidas cuentas, que tenía que haber cursado unos estudios universitarios (en español y no en inglés) al menos de biología, de química, de economía, de farmacología, de estadística o de comercio internacional. Y sinceramente… en el instituto di biología y química, pero ya está, y remonta a algún año que otro. Les contesté que, evidentemente, no había cursado dichos estudios universitarios, pero que era licenciada en traducción e interpretación, pensando que de algo tenía que servir.

Acto seguido, me contestaron asegurándome que no pasaba nada, que no me preocupara y que me inscribiera en otra página web (que ahora mismo no recuerdo). Dicho y hecho. A los pocos días, recibí un correo anunciándome que ya no quedaban vacantes.

Pero no había que perder la esperanza, al menos eso pensé en un principio. Aún me quedaba el otro 50% de posibilidades… del que os hablaré en la próxima entrada. Dejo lo bueno para el final, para que la lectura se os haga un poquito más amena. 😉

¡Nos vemos dentro de muy poquito! 🙂