Aptitudes fundamentales para ser un buen intérprete

¡Hola a todos!

Desde pequeña, cuando mi madre me preguntaba qué quería ser de mayor, lo tenía clarísimo: «Mamá, yo quiero ser intérprete».

 

Supongo que esta situación le será familiar a más de uno, pero lo que no sabía, es que los intérpretes tenían que poseer o, en su defecto, desarrollar unas capacidades para poder a ser un intérprete como Dios manda.

¿Que cuáles son? Vamos a verlo:

 

1. Conocimiento de las lenguas de trabajo, tanto de la pasiva (perfecta comprensión del discurso) como de la activa (por muchas lenguas que entendamos y hablemos, NUNCA hay que dejar de lado nuestra lengua materna.

 

2. Capacidad de análisis, necesaria para poder tomar rápidas decisiones de traducción in situ.

 

3. Capacidad de síntesis, que será útil al intérprete para poder simplificar o generalizar elementos del discurso, lo que facilitará mucho más la tarea y ayudará a evitar meteduras de pata.

 

4. Capacidad de concentración, fundamental en el ejercicio de la interpretación. El intérprete tiene que ser capaz de dividir su atención para poder escuchar, entender, analizar, (en algunos casos) sintetizar, memorizar y hablar (en simultánea) o tomar notas (en consecutiva).

 

5. Buena memoria a corto y a medio plazo, para realizar una toma de notas adecuada y reproducir el discurso de la manera más fiel posible, pero también a largo plazo, para memorizar toda la labor de documentación (glosarios sobre todo) que se ha llevado previamente al día D.

 

6. Capacidad de extracción intuitiva del discurso, factor importante que se va desarrollando con la experiencia, y, con algunas combinaciones lingüísticas, por necesidad (como es el caso del alemán, cuyo verbo está al final de la unidad de sentido). Gracias a él, en simultánea, el intérprete puede incluso adelantarse al discurso del orador.

 

7. Curiosidad, gracias a la cual podemos salir bien parados cuando el ponente se va por los cerros de Úbeda y habla de un tema que no nos hemos preparado y del que no tenemos glosarios.

 

8. Cultura general, imprescindible para poder desarrollar esa intuición del discurso. Para poder estar al tanto de la actualidad, se aconseja leer la prensa todos los días en los idiomas de la combinación lingüística.

 

9. Honradez, capacidad en la que, según mi punto de vista, no hacen hincapié durante la formación universitaria. Es esencial saber NO aceptar un trabajo si SABEMOS que no estamos lo suficientemente capacitados para ello. Es mejor recomendar un compañero que esté más especializado que nosotros en un proyecto y que el cliente quede contento, que encargarse de la tarea y que el cliente no vuelva a contactarnos más. De esta manera, siempre tendremos un cliente «asegurado» y un compañero que os tendrá en cuenta cuando lo necesite.

 

10. Sentido diplomático, para las situaciones difíciles. El intérprete tendrá acceso a información privilegiada con la que puede que no esté de acuerdo, y aún en ese caso, no deberá interferir y tendrá que transmitir el mensaje sin tergiversar su interpretación.

 

11. Resistencia física y mental, necesaria para poder aguantar el esfuerzo mental que requiere la división de atención mencionada anteriormente.

 

12. Control de los nervios, que no es tan evidente para muchas personas. ¿Cómo se consigue superar el miedo escénico? Una buena opción es la de realizar el ejercicio delante de compañeros, que suelen ser los más exigentes y los que mejor sabrán aconsejarnos, puesto que nos entienden mejor que nadie en este aspecto.

 

13. Voz y presentación aceptables, puesto que son sus herramientas de trabajo. Lo ideal es una voz firme, clara, ni muy aguda ni muy grave. Se aconseja respirar con el diafragma (técnica que utilizan los cantantes) y SIEMPRE llevar una botella de agua. En cuanto a la presencia, tenemos que olvidarnos de ser los protagonistas: cuanto más invisibles seamos, mejor. Os dejo este enlace, del blog A word in your ear, de Lourdes de Rioja, donde Mónica nos da algunos consejos sobre la vestimenta y presencia que un intérprete debería tener.

14. Capacidad de improvisación, descrita en este artículo.

¿Se os ocurre alguna más? ¡Feliz semana! 🙂