Pepito, el traductor

¡Hola a todos!

Vamos a empezar el mes de septiembre con buen pie (pese a las subidas del IVA y del IRPF) contando una historieta, como solía hacer Esopo (sí, ¡tiene moraleja y todo!).

Todo empezó cuando Pepito, traductor, recibió varios encargos de traducción por parte de  un cliente, que, obviamente necesitaba para YA. Pepito aceptó el encargo, a pesar de tener más trabajos de por medio. Al fin y al cabo, se podía encargar de ello organizándose bien.

Después de haber cumplido con la tarea, Pepito preguntó a Fulanito cuánto creía que debería cobrarle al cliente por todas la tareas. Éste le contestó lo que le parecía razonable pero Pepito contestó que podía parecerle excesivo al cliente y entonces éste se podía negar a pagar. Efectivamente, nada más anunciarle lo que le iba a cobrar, el cliente empezó a regatear, como se estuviese en el mismísimo mercado de Marrakech. Finalmente, después de una larga conversación, Pepito cedió.

Cuando Pepito le relató lo sucedido a Fulanito, ¡no se lo podía creer! Así que decidieron analizar la situación juntos:

– El primer error, le dijo Fulanito, fue el de no darle un presupuesto cerrado al cliente ANTES de empezar con el trabajo, para poder evitar este tipo de problemas a la hora de cobrar.

– El segundo error, prosiguió, fue el de no tener una tarifa fija. Bien es verdad que las tarifas suelen variar dependiendo de las lenguas de trabajo, de la longitud, del tipo y de la dificultad del texto, así que, lo mejor es que tengas una plantilla en la que indiques el precio de las traducciones de tipo general, el de las traducciones técnicas, el de las traducciones juradas, etc.

– Para terminar, el tercer error fue el de ceder al regateo. Si bajas tus tarifas porque cualquiera te lo pide, das a entender que tu trabajo vale menos de lo que pedías al principio, y esto es, desde mi punto de vista, el error más grave de situaciones como ésta, porque si todos cayéramos en este error, no podríamos vivir de nuestro trabajo, ¿no crees?

Después del rapapolvos que le cayó, Pepito empezó a pensar en el asunto muy seriamente. Él había cobrado 10 euros por la traducción con el objetivo de cobrar más en un futuro. Pero, un día, se levantó harto de su situación, viendo que no podía seguir cobrando 10 euros, sino 20, porque no llegaba a fin de mes. Al cliente, no le importaba que Pepito llegara o no a fin de mes: el trabajo que ofrecía antes era el mismo que el de ahora, así que si antes valía 10 euros, ahora también. Así que al cliente le pareció estupendísimo que Pepito decidiera subir un poco sus tarifas, pero prefirió contar con Menganito, que seguía cobrando 10 euros por el mismo trabajo.

¿Qué vemos entonces? Hablando en plata, que por situaciones como ésta, Pepito las pasará canutas si querrá seguir trabajando para el mismo cliente con una tarifa más elevada, mientras que el cliente insiste por activa y por pasiva en conseguir una rebajica en el producto que desea adquirir.

Estoy segura de que Pepito no fue el primero, ni será, desgraciadamente, el último en caer en errores como éste; así que, como Pepito ya se ha aprendido la lección, no me dirijo a él, sino a Menganito, para que se lo piense dos veces antes de darle al cliente su tarifa definitiva.

 🙂

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9 comentarios en “Pepito, el traductor

  1. Merche García Lledó dijo:

    ¡Qué buena entrada! Me ha encantado, la verdad 🙂
    Como estudiante, me consta que el tema de las tarifas nos da miedo a muchos, en el sentido de que se rían en tu cara y te digan algo en plan “¿recién salido de la carrera y ya quieres esa tarifa? Vas tú bueno”. Ese miedo estará ahí, pero entradas como estas no hacen más que reafirmar la importancia de no considerar este trabajo como algo regateable.

    ¡Muchas gracias por escribirla!

    Saludos desde Salamanca

    • Traducir es descubrir dijo:

      Muchas gracias a ti por leer la entrada y comentarla, Merche. Me alegra leer tu mensaje.

      Es cierto que un veterano en la materia sabrá mucho más que un “novato” en este sentido, pues la experiencia tiene un valor incalculable que no te pueden enseñar en clase, sino que se trata de una cosecha propia. Pero de ahí a que te traten como si estuvieras en el mercado de los jueves, no me parece justo: que yo sepa, a un médico que acaba de incorporarse al mercado laboral, nadie le va pidiendo rebajas ni mucho menos. Su trabajo vale igual que cualquier compañero suyo.

      ¡Un saludo!

  2. Laura dijo:

    Laeticia, ¡Me encanta tu entrada y cómo la has explicado! Consejos como estos siempre viene muy bien tenerlos en cuenta (y más una novatilla como yo, recién salida de la carrera y que busca trabajo). ¡Saludos!

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