Ayuda a una doctoranda «en apuros»

¿Eres traductor profesional o traductor en ciernes?

¿Traduces del inglés al español?

¿El español (de España) es tu lengua materna?

¿Sientes curiosidad por el mundo de la investigación en Traducción?

Si has respondido que sí a las cuatro preguntas, me has alegrado el día. Si no es así, te agradecería mucho que difundieras esta información a quien le pudiese interesar.🙂

Además de ser traductora e intérprete autónoma, hace ya dos años que me aventuré en el mundo de la investigación en Traducción y que decidí lanzarme a por mi tesis doctoral. Muchos me preguntan el por qué y siempre repito lo mismo: curiosidad y pasión por mi trabajo. Me parece todo tan sumamente interesante que, si no fuera porque tengo que traducir e interpretar para comer —de lo cual no me quejo porque estoy encantada de hacerlo—, me pasaría el día entero leyendo, investigando y escribiendo.

El caso es que ha llegado el momento de lanzarme a por el experimento de la tesis y, para ello, necesito el mayor número de traductores voluntarios posible para que el estudio tenga un buen impacto científico.

A día de hoy, no puedo desvelar mucho sobre la investigación para que la información no interfiera en el resultado, pero prometo responder a todas tus preguntas una vez que hayas participado. Lo único que te puedo adelantar es que el estudio versa sobre la importancia de los factores cognitivos en traducción. Me guardo los detalles para el futuro.😉

¿Qué tendrías que hacer?

Las tres pruebas que conforman el estudio son completamente anónimas. La primera consta de la traducción al español de tres fragmentos de unas 270 palabras en inglés cada uno. La segunda es un tipo test de 132 preguntas y la tercera es una prueba que dura solo 4 minutos.

¿Cuándo tendrías que participar? ¿Hay algún plazo?

Podrás participar desde hoy hasta finales de agosto. Si por algún motivo no estuvieras disponible en verano, no pasa nada. Puedes escribirme y vemos si se puede ampliar el plazo. Como mi objetivo es llegar a alcanzar el máximo número de participantes, no me importa esperar un poco más.🙂

Si te apetece participar y quieres ayudar a una doctoranda «en apuros», solo tienes que escribirme a info@laeticiabihssira.com e indicarme si eres traductor profesional o estudiante de Traducción. También puedes hacerlo en el apartado de «Comentarios» con tu dirección de correo electrónico.

Si no puedes participar pero te gustaría ayudarme, solo te pido que difundas la información.

Mil gracias.

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Las dificultades del intérprete biosanitario que nunca te contaron

Si bien es cierto que la interpretación médica es un ámbito un tanto delicado y peculiar, siempre habrá casos que nunca dejarán de sorprendernos y creo que algunos podrían remediarse. Ya no hablo de los casos personales de cada paciente ni de las diferencias interculturales entre el paciente y la sociedad occidental (con la consiguiente y necesaria gestión de las emociones por parte del intérprete) sino de los problemas puramente relacionados con los aspectos «técnicos» que sufre casi a diario el intérprete médico de a pie.

Uno de los aspectos que el entorno del intérprete biosanitario (el equipo médico y los pacientes) suele olvidar cuando este se enfrenta a este tipo de situaciones es que el intérprete no es más que un intérprete (meto en el saco al mediador intercultural porque, en este ámbito, ambas figuras van de la mano). No es enfermero ni auxiliar: es la persona que se encarga de que exista una comunicación fluida entre ambas partes. En (demasiadas) ocasiones, el equipo médico —ya sea cirujano, médico de cabecera, enfermero, biólogo, etc.— nos deja a solas con el paciente, quien empieza a bombardearnos con preguntas médicas que, obviamente, no podemos responder. Muchos compañeros intérpretes me confirman que han presenciado esta situación en primera persona aunque, sorprendentemente, la reacción no siempre ha sido la misma.

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Desde un punto de vista objetivo, lo lógico sería que nos limitásemos a responder que somos intérpretes y que el médico será quien se encargue de contestar a la pregunta. Sin embargo, también somos personas y hay quien se deja llevar por la situación (ya sea porque el paciente es muy insistente, por la presión del momento o por el afán de ayudar; no olvidemos que los pacientes ingresados en un establecimiento sanitario padecen mucha ansiedad debido a su situación) e intenta calmar al paciente por su cuenta asegurándole que todo irá bien. Si bien entiendo —aunque no comparto— la idea de querer tranquilizar a un paciente que se retuerce de dolor, es una opción algo peligrosa porque estaríamos cargando con una responsabilidad que no nos corresponde. En el caso en que no fuera todo según lo previsto, el paciente podría recriminar a la institución que se le dio una información equivocada (podéis consultar la legislación vigente que versa sobre la responsabilidad médica si queréis indagar más sobre el tema). Hay quien dice que las mentiras piadosas pueden ayudar en un determinado momento pero dudo que sea el ámbito adecuado para hacerlo.

Otra de las situaciones habituales en el día a día de un intérprete médico, también comentada con varios compañeros del sector, es la del doctor que le indica al intérprete que tiene que explicar la «pauta de siempre». En este caso, es cierto que muchos hemos coincidido dando la misma respuesta. No sé vosotros, pero yo no me atrevería a dar recomendaciones o indicaciones por mi cuenta por mucho que conozca el procedimiento (por el mismo motivo que el punto anterior).

Por otro lado —y esto ya no es solo propio del ámbito sanitario—, también añadiría las interrupciones y solapamientos entre paciente y médico, e incluso entre el intérprete y el paciente, o entre el intérprete y el médico. En ocasiones, ambas partes creen que se entienden porque tienen nociones básicas del otro idioma, lo cual dificulta mucho la labor del intérprete. Estas situaciones generan unas condiciones en las que, al final, no se puede trabajar y el intérprete se ve obligado (en numerosas ocasiones) a pedir orden porque la comunicación ya no es fluida. Sobra decir que, en este momento, el intérprete deja de ser invisible y un transmisor de un mensaje para pasar a ser el centro de atención y un miembro activo en la conversación.

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Por casos como estos, que no son más que unas muestras insignificantes de lo que ocurre en el día a día de un intérprete médico (¡podríamos escribir un libro con todas las anécdotas si no fuera por los contratos de confidencialidad que nos lo impiden y porque son innumerables!), creo que este tipo de problemas se solucionarían rápidamente aclarando desde el principio a las dos partes cuál es nuestra función, que es que pacientes y médicos se entiendan. Ahí entra inevitablemente en juego la mediación intercultural, fundamental en estos casos, especialmente para individuos de culturas muy dispares.

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¿Y vosotros? ¿Habéis presenciado casos similares? ¿Qué dificultades de este ámbito añadiríais?

Nota: Tanto las situaciones de las viñetas como las descritas en el presente artículo están basadas en vivencias propias y en testimonios de compañeros del sector.

El salto al mundo laboral de la traducción y de la interpretación

Muchos estudiantes y recién graduados se quejan del exceso de teoría que se imparte en la carrera y de la poca orientación e (in)formación práctica que se les brinda a los alumnos para poderles permitir lanzarse al mundo laboral (al menos como autónomos). De hecho, muchos de ellos confiesan que se ven obligados a acudir a cursos externos —especialmente tras haber finalizado la carrera o incluso su máster— para poder recibir una formación más práctica y adecuada a lo que buscan y necesitan.

Puesto que se trata de una queja que no ha dejado de llegarme desde que yo misma era estudiante, decidí publicar hace unos meses una encuesta para tener unos datos reales de la opinión de los estudiantes en Traducción y de los traductores que ya tienen su título bajo el brazo. Antes de nada, me gustaría agradecer a los 943 participantes que se animaron a participar en ella puesto que no habría podido sacar estos resultados sin ellos.🙂

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Si bien es cierto que el resultado estaba bastante claro, no deja de sorprenderme el elevado porcentaje tan alarmante de personas que consideran que su formación no está lo suficientemente enfocada al mundo laboral, ya que se supone que un estudiante se está formando precisamente para ello. Esto, a mi modo de ver, significa que pese al intento de las universidades por renovarse con asiduas charlas de profesionales externos a la Universidad (que no estaban tan presentes hace unos años, por lo que ya supone una mejora), la encuesta confirma que siguen siendo insuficientes. Quizás los estudiantes necesiten que haya un mayor número de profesionales —con habilidades formativas, claro está— que formen parte del equipo docente en plantilla para así poder aprender de sus trucos y experiencias. Además, quizás necesiten algo más de orientación. Como dice este artículo: It is only natural to have some resistance to novelty. Novelty requires you to change the approach, behavior, or way of thinking. It requires new learning and may increase the possibility of failure.

Cuando les preguntaba a mis alumnos de cuarto curso el año pasado cuáles eran sus expectativas para el año siguiente, sus respuestas eran:

  • Me he pedido la beca de auxiliar de conversación, a ver si gano tiempo para saber lo que quiero hacer. Quién sabe, a lo mejor encuentro un puesto de trabajo por allí.

  • Voy a cursar un máster porque es imposible encontrar trabajo de lo nuestro hoy en día.

  • Seguiré de profesor particular de idiomas mientras encuentro algo.

  • Voy a prepararme las oposiciones para profesor de lengua extranjera porque es una opción segura y no creo que la traducción me vaya a dar trabajo.

  • La verdad es que me aterra pensarlo porque estoy completamente perdido. Yo quería ser traductor (o intérprete) en las instituciones europeas o en la ONU pero lo veo inasequible, así que no sé qué hacer.

  • He echado varias becas, algo saldrá de ahí.

Todas las opciones denotan cierta falta de orientación y de optimismo. Y no se trata solo de respuestas de estudiantes sino también de traductores recién licenciados que están completamente perdidos. Muchos se preguntan si es algo normal. ¡Pues claro que es normal! Es una nueva etapa y la obligación deja de ser la de estudiar para convertirse en ganarse el pan de cada día. Salir de la zona de confort nunca fue fácil ni sencillo. Sin embargo, aunque es cierto que cada uno es quien se labra su camino, puede que los estudiantes consideren que podrían tener sus posibilidades algo más claras si los profesores aportáramos más consejos enfocados al mercado laboral (no olvidemos que un profesor, además de enseñar contenidos académicos, también es una guía para el estudiante).

Ese es un punto de vista.

Ya le hemos echado la culpa a la Universidad y a los profesores, estupendo. Ahora bien, como en todo, no siempre hay un «culpable», si es que le tuviéramos que ponerle nombre. También hay que fijarse en el otro lado. ¿Los estudiantes ponen interés en buscarse la vida? Puede. ¿Practican en su tiempo libre? Quizás. ¿Intentan aprender por su cuenta? ¿Tienen predisposición para aprender? ¿Intentan moverse en el ámbito laboral para tantear el terreno ya desde la carrera? Es posible. Como decía antes, salir de la zona de confort no es fácil, pero sería conveniente prepararse para que, llegado el momento, fuera menos complicado de lo esperado. La preparación también es larga y supone muchos esfuerzos y sacrificios (sobre todo de tiempo) pero al final siempre llega la recompensa y acaba valiendo la pena.

Ojalá los datos de la encuesta cambien con los años. Por ahora, tanto profesores como estudiantes tenemos un largo camino por recorrer.